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Año II N° 257 | Edición del 5 de mayo de 2008  
 
EDUARDO BAKCHELLIAN
“TENGO QUE TRABAJAR PARA VIVIR DIGNAMENTE”
A punto de cumplir 78 años, el empresario textil fundador y titular de la desaparecida Gatic cuenta por qué tuvo que salir a buscar empleo. Habla del presente del sector de la indumentaria y el calzado deportivo y da su fórmula para terminar con la inflación.

Hijo de inmigrantes armenios, el ex fundador y dueño de la desaparecida Gatic nació en 1930 en Buenos Aires. En los `80 fue el principal referente de la industria textil a punto tal que su nombre era sinónimo de la industria del calzado deportivo. En 1953, con apenas 18 años, comenzó a fabricar, junto a 8 operarios, zapatillas en un precario galpón ubicado en la localidad de bonaerense de San Martín. En 2003, tras una fuerte crisis que lo llevó a distanciarse por completo de sus dos hijos, vio como Gatic se remataba judicialmente. Hoy, a punto de cumplir 78 años de edad y 60 como empresario industrial, decidió volver al ruedo. Aunque esta vez ya no como dueño, sino, por segunda vez en su vida, como trabajador raso, asesorando empresas del sector. "A lo largo de toda mi vida no supe hacer otra cosa que lo que sigo haciendo hoy: trabajar, trabajar y trabajar", afirma.
Fortuna: ¿Otra vez en carrera, Eduardo?
Bakchellian: Así es. Aunque, para ser sincero, jamás me fuí de la pista. Lo que pasa es que a veces corrí a bordo de un F1 y otras, como ahora, en un auto de TC. Pero, pese a las enormes diferencias entre uno y otro vehículo, siempre manejé con las mismas ganas. Soy un trabajador empedernido. Mi vida siempre pasó por el laburo. No sé hacer otra cosa. Es algo que heredé de mi viejo y con lo cual voy a seguir hasta el último de mis días. No te olvides que vengo de sangre armenia.
Fortuna: ¿Cuál es su actual actividad en empresas del sector del calzado?
Bakchellian: Mi trabajo consiste en volcar mi experiencia de tantos años en pos de aquellas empresas que me contratan para los procesos de vulcanizado, pegado de goma y suelas y confección de modelos tanto de indumentaria como de calzado deportivo. No es más ni menos que lo que siempre hice...
Fortuna: Pero ahora existe una gran diferencia y es que ya no es dueño sino empleado. ¿Cómo hizo para adecuarse a este cambio?
Bakchellian: En el mes de julio voy a cumplir 60 años ininterrumpidos en la industria y, a pesar de haber sido creador, dueño y presidente de una empresa tan importante como Gatic, mi vida siempre pasó por el trabajo. Poco me preocupó ser jefe ni ahora empleado. Lo importante es tener trabajo. El trabajo dignifica al hombre y, a pesar de lo que muchos crean, yo me siento un tocado por la varita de Dios.
Fortuna: Pero fue un cambio brusco...
Bakchellian: Sí, de nada sirve negarlo. El shock fue tan fuerte como el mismo que sufrí cuando dejaron morir a Gatic porque con su destrucciòn se destruyó una industria en sí. Vuelvo a decirte, el golpe es duro pero qué le hace una mancha más a este viejo e inofensivo tigre. Tener trabajo a los 78 años no es algo común en este país, por eso me siento tocado por la varita de Dios. Hoy sigo trabajando porque considero que es la mejor manera para mantenerme vivo y, fundamentalmente, para olvidarme de las tragedias pasadas.
Fortuna: Hablando de tragedias pasadas, ¿cómo hizo para sobreponerse a la pérdida de Gatic?
Bakchellian: Un padre jamás puede sobreponerse a la pérdida de un familiar, mucho menos si se trata de la muerte de un hijo o una hija. Y a mí en 2003, me mataron una hija. Sin embargo, soy un hombre que desde muy pequeño aprendió a aceptar los designios de Dios y por eso acá estoy, de nuevo en carrera. Con mucho dolor y pena, pero sin guardar rencores y, sobre todo, con muchas ganas de volver.
Fortuna: ¿Por qué está tan empecinado en volver?
Bakchellian: ¿Por qué no estarlo? Jamás voy a bajar los brazos. Con muy poco capital y la ayuda de ocho operarios en 1953 comencé a fabricar zapatillas, y pocos años después fundé Gatic. Como dice el tango, hoy me toca estar en la mala, pero eso no significa que haya desaparecido ni mucho menos. Aunque ya no tenga a Gatic, Eduardo Bakchellian está de pie y dispuesto a dar batalla hasta el último de sus días. Por eso quiero volver, para demostrarles a todos los que jamás me escucharon que si bien pudieron contra Gatic, jamás podrán conmigo. Al menos, hasta que me muera. Pero tendrán que seguir soportándome porque, por ahora, no pienso darles el gusto. Voy por la revancha y no pararé hasta reposicionarme.
Fortuna: Usted dice que no guarda rencores, sin embargo se lo escucha con mucha bronca y un tono más que desafiante...
Bakchellian: No, en absoluto. Que tenga ganas de volver a ser el empresario que fui no debe dañar ni, mucho menos, significar una amenaza para nadie. Si quiero volver es porque sé que todavía tengo muchas ganas de seguir trabajando en una industria que vi nacer, crecer y hasta morir.
Fortuna: ¿Cómo ve al sector del calzado deportivo?
Bakchellian: Igual que a la Argentina: con unas inmejorables chances no sólo para crecer a nivel local sino internacionalmente. En los 50 años que puntualmente llevo en la industria del calzado jamás he visto un momento tan propicio para el sector como el de estos últimos años. Hoy existen muchas más facilidades que en mi época. Se está trabajando a pleno con una exportación que día a día crece a pasos agigantados. La industria del calzado tiene un futuro más que promisorio, sólo resta que, de una vez por todas, el Gobierno de turno y los empresarios entiendan que las fábricas no pueden levantarse únicamente en la Capital Federal o en el Conurbano bonaerense. Necesitamos que la industria de la indumentaria y el calzado deportivo sea una industria nacional, social y federal.
Fortuna: ¿Cómo se logra eso?
Bakchellian: Haciendo ni más ni menos que lo que yo hice con Gatic. Abriendo fábricas en lugares en los cuales nadie se hubiera animado a invertir. Creando pueblos a partir de la instalación de una planta, como lo hice en Coronel Suárez, en Prado o en Las Flores, por mencionar sólo algunos ejemplos. Es inadmisible y absolutamente incomprensible seguir pensando en que la Argentina se acaba en la avenida General Paz. Tal como lo propuso el ex presidente Raúl Alfonsín, hay que trasladar la Capital al interior. No se si al Sur, pero ¿por qué no a La Pampa? A esta Argentina le está faltando un espìritu federalista. Estructuralmente, el país está muy mal conformado, porque no puede ser que en el 5% de su territorio hoy sobreviva la tercera parte de la población, como si el resto del país fuera un desierto. Es imprescindible formular un nuevo proyecto de país. Yo llevé agua al desierto y el Gobierno debe hacer lo mismo.
Fortuna: ¿Cuál cree que es el camino que debería tomar el país?
Bakchellian: La que queremos todos los argentinos de bien. Hay que cumplir con la letra de nuestra olvidada y tan maltratrada Constitución Nacional que habla de un país federal. Tenemos que avanzar sobre la regionalización del país y otros temas fundamentales, como la reforma de la educación, de los sistemas de salud, de la seguridad, de la justicia, de las reformas impositivas y finacieras y, muy especialmente, la reforma de la política. Sólo así podremos soñar con la restauración de aquella Argentina tan promisoria y progesista del Centenario. Sería muy bueno poder concretar todos estos cambios antes del 9 de julio de 2016, día del Bicentenario de nuestra Independencia.
Fortuna: ¿Más que una propuesta parece un sueño utópico?
Bakchellian: Es que yo soy utópico por naturaleza. ¿O no era utópico pensar allá por las décadas del 50 y 60 en abrir fábricas lejos de la Capital? Utópico es una cosa e imposible, otra. Estamos ante un momento clave en la historia mundial para terminar de una vez y para siempre con la decadencia. Nuestra Presidenta tiene la gran chance de llevar este cambio fundamental y necesario para el país. Cristina Kirchner está ante la posibilidad histórica de convertirse en la Presidenta más importante de toda nuestra historia. Pero, para ello, debe convocar a una Asamblea Reparadora que implemente políticas a largo plazo.
Fortuna: Sin embargo da la impresión de que precisamente lo que le falta a este Gobierno son políticas de largo plazo.
Bakchellian: Puede que así sea. Igualmente, de lo que sí estoy seguro es de que después de la terrible crisis de 2001, tanto Néstor como ahora Cristina Kirchner no tuvieron otro remedio que aplicar lo que se está aplicando ahora. Si analizamos los últimos 50 años, que han sido de una notable decadencia, estoy seguro de que Cristina tendría que convertirse en la Presidenta de la transición de un país en decadencia a otro que tiene que salir de esto, aprovechando el gran momento que vive el mundo. Y para eso la gran solución pasa por implementar políticas a largo plazo de 10, 20, 30, 40 y hasta 50 años.
Fortuna: Entre tantas fórmulas, ¿tiene alguna para combatir la inflación?
Bakchellian: Sí, y es muy simple y efectiva: bajando dramáticamente los gastos del Estado, produciendo y dando trabajo. Pero para eso necesitamos inversión de capitales extranjeros y para eso, a su vez, necesitamos una política global de acercamiento con el mundo. Tenemos que tomar el ejemplo de nuestro vecino Brasil y llevarlo adelante. Siguiendo estos pocos pasos, terminaremos de cuajo con este flagelo que aparece y desaparece cuando las cosas no se hacen bien.
Fortuna: ¿Por qué tiene que salir a trabajar a los 78 años?
Bakchellian: Porque no se hacer otra cosa y porque, a los 78 años, necesito trabajar para poder comer y vivir dignamente.

Luis Rodríguez

 
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A
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