Gerencia Inteligente
|
el comportamiento del Homo Economicus
Todos los
gerentes son irracionales
Los ejecutivos no suelen actuar de la forma lógica y racional que presume la Teoría Económica.
Cómo afecta esto a la
toma de decisiones
de negocios.
Desde sus inicios, la Teoría Económica asumió
que su protagonista exclusivo es un ser humano lógico y racional
que, para tomar decisiones, sopesa costos y beneficios de sus alternativas
para satisfacer sus preferencias de la manera más eficiente
posible. A este modelo teórico de hombre se le conoce como
Homo Economicus. Su comportamiento de elecciones racionales sustenta
principios básicos de la economía como la Ley de la
Demanda, lo que lo convierte también en el protagonista de
otras disciplinas basadas en la economía, como el marketing,
las finanzas y, principalmente, el management.
¿Qué pasaría si descubrimos que los seres humanos
no actuamos como el Homo Economicus del modelo? ¿Cómo
afectaría ese hallazgo a quienes toman decisiones de negocios
cada día?
Dos psicólogos cognitivos, Daniel Kahneman y Amos Tversky,
sacudieron los cimientos de la economía con una serie de
experimentos. Les planteaban a sus alumnos diversos problemas en
los que debían decidir un curso de acción entre varias
opciones. Para su sorpresa, las decisiones de la mayoría
contradecían de manera drástica las predicciones del
modelo de Elección Racional: los seres humanos somos económicamente
irracionales, porque a menudo tomamos decisiones que contradicen
nuestros objetivos explícitos.
Así, demostraron empíricamente que los seres humanos
caemos en "trampas" en cada una de las tres etapas del
proceso de tomar una decisión. Estas trampas nos hacen tomar
decisiones irracionales que nos alejan de la concreción de
nuestros deseos.
PÉRDIDA Y GANANCIA. Según el modelo de Elección
Racional, son los hechos y no la formulación de un problema
los que deberían determinar las decisiones del Homo Economicus.
Pero no es así. Por ejemplo, dado que la mayoría de
las personas sufre más una pérdida de lo que disfruta
una ganancia de igual magnitud, un problema formulado en términos
de pérdidas genera una respuesta distinta al mismo problema
formulado en términos de ganancias. Esto quedó comprobado
una vez más en ExpoManagement, donde 50 personas que pasaron
por el stand de la Universidad de Palermo fueron sometidas a una
encuesta. A 25 de los encuestados les pedimos imaginar que les habían
regalado un par de zapatos nuevos. A otros 25 encuestados les pedimos
imaginar que habían gastado $300 en ese par. Ambos grupos
descubrían al poco tiempo que los zapatos les apretaban un
poco los pies, y no tenían la opción de cambiarlos
o devolverlos. A continuación les preguntamos si continuarían
usando los zapatos o no. Sólo un 26% de los que recibieron
los zapatos de regalo respondieron que los seguirían usando,
mientras que en el caso de los que los habían comprado, la
cifra aumentaba al 47%. Si pensamos fríamente veremos que
no debería haber diferencia alguna: en ambos casos los zapatos
ya son nuestros y no podemos cambiarlos, y sólo debería
importarnos si nos molestan o no. Los que compraron los zapatos
sienten una pérdida, mientras que los que los recibieron
de regalo sienten una ganancia perdida, que duele menos. Por eso
dejan de usar los zapatos con mayor facilidad.
Esta sensibilidad a la formulación de los problemas genera
diversas trampas a la hora de decidir. Los zapatos son un ejemplo
de lo que en economía se conoce como "costo hundido".
Muchos gerentes toman en consideración los costos hundidos
al momento de tomar decisiones, aunque no deberían hacerlo.
Si en lugar de zapatos pensamos en préstamos bancarios, podemos
entender por qué tantos bancos prestan dinero a empresas
que tienen problemas para devolverles un préstamo anterior.
El mismo crédito analizado por alguien externo al banco no
sería otorgado, y sin embargo, el banco lo otorga.
ANCLAJE Y AJUSTE. Pasemos ahora a las trampas relacionadas con la
recolección de la información relevante para tomar
una decisión. Kahneman y Tversky identificaron varias reglas
cognitivas que todos usamos sistemáticamente, sin darnos
cuenta, para ahorrarnos esfuerzos en la búsqueda de información.
Veamos una de estas reglas heurísticas: el anclaje y ajuste.
Se utiliza intuitivamente cuando hacemos estimaciones y elegimos
un ancla inicial que luego ajustamos de acuerdo al resto de la información
que nos parece relevante. El problema es que con frecuencia estimamos
mal el ancla y la ajustamos poco. Una vez más, sometimos
a nuestros 50 encuestados a una prueba: les pedimos que estimaran
la población de Indonesia. A 25 de ellos les preguntamos
si era mayor o menor a 40 millones de habitantes y a los otros 25,
si era mayor o menor a 150 millones. El promedio de respuestas del
primer grupo fue de 53 millones y el del segundo grupo, 119 millones.
Claramente, los encuestados se anclaron en la cifra para responder
a la pregunta principal, aunque esa información no aportaba
nada (la población de Indonesia es superior a los 200 millones
de personas). Algo similar les ocurre a muchos gerentes financieros
cuando arman sus presupuestos tomando como ancla el año pasado.
Sin duda, ahorran tiempo, pero a menudo repiten ciegamente las ineficiencias
de años pasados y desvían su atención de otros
factores relevantes como las tendencias del mercado.
¿Qué deben hacer los gerentes frente a esta realidad?
¿A quién deben prestarle atención: a los economistas
o a los psicólogos cognitivos? A ambos. Con el tiempo, el
management se va a nutrir no sólo de la economía y
la psicología sino también de otras disciplinas, como
la biología evolutiva y la antropología. Esto nos
ayudará en situaciones en las cuales sabemos lo que deseamos
pero nos equivocamos en cómo conseguirlo. Me temo, sin embargo,
que cada más nos enfrentaremos no sólo a la incertidumbre
de no saber cómo obtener lo que deseamos, sino a la duda
de no saber qué es lo que de verdad queremos. Estamos mal
preparados para enfrentar situaciones en las que hay que decidir
entre dos males porque no toleramos la ambigüedad. Quizás
en esos momentos, disciplinas menos científicas, como la
ética, provean a los gerentes de mejores herramientas de
gestión para orientarlos en su difícil labor.
|