Gerencia Inteligente
|
Coaching náutico
Una estrategia para llegar a buen puerto
Motivación, comunicación
y liderazgo son algunas de las competencias que se consolidan con este entrenamiento que se hace a bordo de un velero. Diferencias con otras formas de coaching.
La navegación a vela puede ser tomada como una
excelente metáfora para potenciar las competencias que integran
el aprendizaje organizacional: liderazgo, trabajo en equipo, cambio,
comunicación, motivación y tantas otras, encuentran
en este escenario el medio ideal para que luego, en un trabajo de
reflexión y elaboración guiado por profesionales,
el staff de una compañía puede encontrar relaciones
entre la experiencia náutica y lo que sucede dentro de la
empresa en cuanto a los propios comportamientos. Esto instala nuevos
aprendizajes que posteriormente se traducirán en mejores
resultados.
La experiencia náutica es una vivencia colmada de emociones
límites. Para comenzar cambia el medio habitual. El piso
ya no es firme bajo nuestros pies, estamos en un espacio que comparado
con el habitual es reducido. Cómo se puede apreciar, el cambio
abrupto es la primera distinción que se impone a los tripulantes
de un velero, este cambio es captado por nuestra mente y nuestro
cuerpo, quedando grabado en la memoria. El equilibrio que teníamos
en tierra se tiene que recuperar rápidamente, curiosamente
el cuerpo responde y se va acomodando al ritmo que le imponen las
condiciones de la naturaleza: el oleaje, por ejemplo.
Aparece inmediatamente el tema de la incertidumbre: ¿cómo
seguirá el tiempo, podremos usar las velas?, ¿cuándo
las desplegaremos?, ¿con cuántas nos manejaremos?
¿de qué lado sopla el viento? Pero la naturaleza no
se controla; no es el hombre quien dispone, pero sí quien
elige cómo responder, qué hacer, hasta dónde
navegar con motor, quién timonea… Y de esta elección,
de este proceso que se inicia con varios despliegues que involucran
al arte de la navegación, dependerá que se tenga un
viaje eficiente y placentero.
TRABAJO EN EQUIPO. Por otro lado, necesitamos del equipo. Desde
el encendido del motor, liberar amarras, partir de la marina, internarse
en las aguas de mar o de río, el acuerdo previo sobre el
rumbo. Siempre se tiene que recurrir al otro. La interacción
debe tener una coordinación de acciones perfecta, dado que
el velero debe llevarnos al destino elegido por todos, bajo las
indicaciones del capitán, líder del grupo y responsable
último de que la navegación sea adecuada.
Entonces, la idea del trabajo en equipo toma el entusiasmo necesario
para transformarla en acción inmediata, casi no se piensa,
se coordina con el otro en forma automática, sin pérdidas
de tiempo, no son momentos de discutir, sino de hacer con el otro
en forma sinérgica, porque nuestro destino quedó en
ese espacio de tiempo ligado al de los compañeros y una visión
nos une a todos en un mismo impulso, en una misma energía
hasta el momento desconocida en otros medios. Estamos entonces en
sintonía con otra distinción imprescindible y pilar
del funcionamiento de cualquier empresa, de cualquier organización
: el trabajo en equipo. Así se incorpora esta competencia,
muchas veces desatendida en cuanto a la profundidad con que requiere
ser considerada. En esta experiencia, la emocionalidad conjunta
lograda a bordo opera de "ancla" entre la memoria y el
aprendizaje.
EL PROCESO. Los programas de coaching náutico se diseñan
a medida para cada empresa, luego de realizar un diagnóstico
organizacional. Mediante el mismo, se detectan las competencias
a reforzar o desarrollar y se investigan las defensas organizacionales
y otras anomalías propias de las empresas, cuyo efecto emerge
en forma de resultados insatisfactorios tanto para los directivos,
como para el resto de la organización.
Nunca un programa es igual a otro, tanto en navegación, como
en tierra. Los programas alternan una experiencia náutica
con charlas preliminares y talleres posteriores donde se reflexiona
y se articulan las vivencias a bordo, con las laborales cotidianas.
Esto último es el corazón del coaching náutico
y debe ser un trabajo realizado por profesionales que puedan conocer
en profundidad ambos dominios para que se instaure un verdadero
aprendizaje organizacional y no se trate sólo de una experiencia
de navegación , un paseo o una regata, sin anclaje en lo
que nos interesa desarrollar y cambiar.
Podríamos decir que posteriormente a la experiencia observamos:
las emociones que dispara potencian el aprendizaje, el proceso posterior
a la práctica se infunde de energía y entusiasmo,
la comunicación que se logra entre los participantes perdura
en el tiempo, la reflexión se profundiza y se obtienen cambios
en la creatividad, se potencian la iniciativa y la auto-motivación,
el cambio pasa a ser visto como un desafío y se estimula
la solidaridad del equipo.
En el coaching náutico la misión consiste en obtener
que los "equipos de alto rendimiento" dejen de ser sólo
un concepto para ser una acción permanente.
|
 |
 |