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Reindustrialización
Vuelven los pesos pesados de la industria
Favorecidas por el tipo de cambio y luego de modernizar sus plantas productivas, las ramas metalmecánicas –industria pesada– están protagonizando un renacimiento. Hoy, la financiación es un factor clave para aumentar su capacidad instalada, así como los acuerdos bilaterales con países de la región.
Empresas recuperadas y proyectos a corto plazo.
En los últimos tres años la actividad industrial
experimentó una fenomenal recuperación, con altas
tasas de crecimiento interanual, pero se sabe que las ramas dedicadas
a productos de gran porte necesitan un empuje adicional para cobrar
dinamismo. Algo así empieza a verse en una nueva tendencia
hacia la reindustrialización en ciertas áreas, como
es el caso de la industrias metalúrgicas de segunda transformación.
Aunque se trata de casos puntuales, hoy en la Argentina se están
construyendo buques de gran porte, barcazas de carga, plataformas
petroleras, maquinaria vial y agrícola, locomotoras y vagones
de trenes, camiones, ómnibus y minibuses, y hasta satélites
de origen nacional. Al contrario de lo sucedido en la década
del 90, aunque todavía de una forma mucho más acotada
que a mediados del siglo XX, tanto a nivel nacional como regional
se está produciendo un retorno a mirar a la industria pesada
como estratégica y apostando a una sinergia entre el sector
público y el privado. Un ejemplo claro es la llamada industria
para la defensa, sobre la cual mantienen conversaciones los presidentes
Kirchner y Lula, en función de generar una oferta conjunta
para terceros mercados. En rigor, la semana pasada fue presentado
el primer prototipo fruto del trabajo en conjunto de ambos países,
el todo terreno de asalto bautizado ‘Gaucho’.
En particular, el año pasado se observaron trayectorias expansivas
a lo largo de toda la actividad manufacturera y, según el
último Estimador Mensual Industrial (EMI), en el primer bimestre
de 2006 se observa el nivel histórico más alto en
el comienzo de un período del lustro. En la evolución
se observa el significativo incremento del sector productor de bienes
de capital y de consumo durable, que acumuló un crecimiento
de casi el 100% desde el piso de 2002, debido fundamentalmente al
desempeño del sector automotriz y de maquinaria. En el bloque
de la industria metalmecánica (excluidos los autos), el aumento
de la capacidad instalada en el último año experimentó
un incremento del 7% / 9%, sobre todo por las inversiones productivas
concretadas en el sector productor de maquinaria agrícola.
En los últimos tiempos, las exportaciones de los ‘fierros
del campo’ se han proyectado como un negocio rentable y los
integrantes de la Cámara Argentina de Fabricantes de Maquinaria
Agrícola (CAFMA), esperan que el acuerdo firmado entre los
gobiernos de Kirchner y de Chávez, que permitió la
creación de un Fondo Fiduciario para enviar máquinaria
a Venezuela por u$s 100 millones en los próximos 5 años,
sea replicado en otros mercados potenciales, como Bulgaria, Rusia,
Ucrania y Perú.
ALTERNATIVAS. Un claro ejemplo del empuje de este
sector es la empresa recuperada Pauny, fabricante del único
tractor de producción nacional, que además construye
maquinaria vial y chasis para colectivos urbanos y da trabajo a
250 personas. En el término de pocos años pasó
de ser una firma quebrada a transformarse en una moderna planta
industrial integrada, con 75 mil metros cuadrados cubiertos y una
potencia instalada de 5.000 kilovatios en más de 250 máquinas-herramienta.
"Aunque este año no ha comenzado igual que los anteriores,
nosotros buscamos mantener los mismos niveles de producción
y en lo posible incrementarlos. El campo está un poco más
quieto, los precios son más difíciles, entonces hay
que buscar alternativas para mantener la facturación",
explica a FORTUNA Raúl Giai Levra, presidente de Pauny SA,
como adelantando cuál será la estrategia en 2006.
Este año la firma cordobesa va a incursionar fuerte en un
nuevo negocio, que es el de los minibus de pasajeros, un segmento
en donde deberán competir con los peso pesados de Brasil.
"En abril entregamos los primeros colectivos en Córdoba,
veinte unidades al gobierno provincial y otros tantos a transportistas
privados, pero tenemos pedidos de Santiago del Estero, de Buenos
Aires y pensamos fabricar unos 20 ómnibus al mes", comenta
el directivo. También el año 2006 va a ser un año
fuerte para la firma de Las Varillas por los pedidos de maquinaria
vial –en estos meses entregaron quince motoniveladoras en
varias provincias–, y porque están a punto de firmar
su parte del convenio marco país/país con Venezuela.
"Hay comprometida una cifra interesante; tenemos unas 20 motoniveladoras
que entregar en un plazo de diez meses y 250 tractores", se
entusiasma Giai Levra, y aclara que se trata de un contrato anual
por u$s 113 millones renovable por 5 años, que incluye la
provisión de tractores, cosechadoras y silos de varias empresas
argentinas. Por otro lado, para apuntalar su presencia en el NEA
y el NOA y tomando como base la provincia que protagonizó
la mayor expansión agrícola de los últimos
años, Pauny puso un pie en Santiago del Estero con una planta
montadora. Con una inversión de $ 1,5 millón en infraestructura,
la planta se instalará en sesenta días y en una primera
etapa contratará a cincuenta personas de esa provincia.
LA MADRE DE LAS INDUSTRIAS. A grandes rasgos,
los empresarios y directivos consultados concuerdan en que existe
una nueva realidad en la industria nacional, que de mantenerse en
el tiempo podría significar un regreso a los tiempos en que
la Argentina podía autoabastecerse de ciertos bienes de capital
de alto valor y larga vida útil. Un signo positivo puede
encontrarse en los consorcios que se están armando entre
el Astillero Río Santiago y otros astilleros y talleres privados
de todo el país, con el objetivo ordenar la oferta de buques,
plataformas extractivas y otros artefactos navales. En este sentido,
la industria naval es parte integrante de la rama metalmecánica
y suele caracterizarse como una industria concurrente o de síntesis,
ya que utiliza o monta un cúmulo de componentes -insumos,
equipos e instalaciones-, que provienen de una muy amplia diversidad
de sectores manufactureros. "La industria naval es la madre
de todas las industrias y es la que crea más empleo, ya que
está comprobado que genera tres puestos de trabajo indirectos
por cada uno directo", señala el doctor Horacio Martínez,
presidente de la Federación de la Industria Naval Argentina
(FINA). Si se piensa en los astilleros que hoy tienen la posibilidad
de construir buques de más de 150 metros de eslora, en la
Argentina hay sólo dos: uno es el Astillero Corrientes y
el otro es el Astillero Río Santiago. Ambos firmaron un Acuerdo
Marco de Cooperación y Complementariedad, como los rubricados
hace algunas semanas entre ARS y los astilleros Coserena y Tandanor.
"Tanto estos acuerdos como otros que vendrán en el corto
plazo son asociaciones de complementariedad, que permiten a los
astilleros presentarse en conjunto ante la demanda de construcción
de buques que existe hoy en el mundo", aclara Martínez.
PÚBLICO-PRIVADO. El hecho de que esta industria
produzca bienes a pedido, de alto valor unitario y con un largo
período de maduración, da cuenta de la importancia
que ocupa en la misma el financiamiento. El armador que ordena el
trabajo es quien normalmente se encarga de aportar el capital de
la obra, apelando con frecuencia a fuentes externas, como instituciones
financieras y fideicomisos. Con el objetivo de lograr financiamiento
interno, los industriales le hicieron llegar sus inquietudes a la
flamante presidenta del Banco de la Nación Argentina, orientadas
a utilizar la figura del leasing naval como herramienta de desarrollo
del negocio. Por el tono de las reuniones que mantuvieron con la
contadora Gabriela Ciganotto, inclusive cuando era vicepresidenta
del BNA, consideran que la funcionaria es favorable a su planteo.
Además, los navieros están interesados en utilizar
la línea de financiación para bienes de capital por
u$s 1.500 millones que ofrece el banco: "En este momento hay
22 carpetas que se encuentran con petición, tanto de armadores
como de constructores, para obtener la figura del leasing naval,
y de ese número hay seis que están aprobadas y listas
para su análisis por el directorio del banco", explica
el presidente de la FINA. Se trata de embarcaciones de río,
fundamentalmente remolcadores; hay un petrolero, y el resto son
barcazas, que suman un pedido total de financiamiento por $ 400
millones. Por otra lado la Argentina tiene antecedentes muy concretos
en la construcción de plataformas petroleras off shore y
también se han construido en el país y vendido al
exterior buques Panamax. En este orden, Horacio Martínez
comenta que"el acuerdo con Venezuela lo apoyamos fuertemente,
porque va a significar no sólo un trabajo importante para
el Astillero Río Santiago, sino también la posibilidad
de que éste distribuya parte de esas tareas en otros astilleros
privados". Porque lo importante no es sólo tener la
demanda del mercado sino tener la oferta industrial ordenada para
satisfacerla. Tanto los acuerdos de buques Panamax con Venezuela,
como la posibilidad de que existan plataformas de extracción
para construirse en la Argentina, son dos hechos absolutamente concretos;
la tecnología está, las posibilidades están
y la necesidad de plataformas es creciente. Otra empresa que apuesta
fuerte al desarrollo naval es Sabb, que surgió a través
de un compromiso firmado con Siderar y ahora ya ha ampliado sus
horizontes ferronavales. A mediados del año pasado se embarcó
en la construcción de un astillero para el ensamblaje de
barcazas en un predio de la Terminal Puerto Rosario, con un contrato
por u$s 6 millones para la fabricación de doce embarcaciones
con una capacidad de carga de 2.700 toneladas.
CUESTIÓN DE COSTOS. Hablar de barcos cargueros
es hablar de grúas portacontenedores; la Argentina tuvo a
un importante fabricante nacional hasta no hace mucho tiempo, que
tuvo que abandonar la producción local. Hoy en el mercado
mundial de grandes máquinas para puertos hay alrededor de
diez proveedores, sólo uno tiene su origen en América,
es el tercero a nivel global, y pertenece al grupo argentino Industrias
Metalúrgicas Pescarmona. Con las grúas de puertos
o descargadoras de contenedores, Impsa Port Systems tiene presencia
en varios países, y en la Argentina han entregado grúas
a los operadores portuarios locales; sin embargo ya no fabrica en
el país. La primera grúa que construyeron en 1982,
que luego fue vendida a la República Dominicana, se hizo
en las instalaciones de Godoy Cruz (Mendoza), y también se
fabricaron en la planta cuyana las grúas enviadas al puerto
de Houston. Pero desde mediados de los ‘90 hasta hoy todas
las grúas porta contenedores se construyen en el exterior
–en la metalúrgica mendocina se mantiene la fabricación
de turbinas y generadores–, y lo único que se hace
en la Argentina es la ingeniería. "La diferencia de
costos fue la principal causa de abandonar la fabricación
local y optar por construir en el extranjero. Además, al
estar lejos de una zona portuaria para tener acceso al mar, se hacía
muy difícil exportar la producción desde Mendoza",
explica Fernando Sandmann, director de marketing y ventas de Impsa
Port Systems. Otra limitante no menos importante para el negocio
externo era la materia prima, ya que había que importar el
acero de Sudáfrica o Europa, una calidad especial por dureza
y pureza que no existía en las acerías locales. Esta
industria del Grupo Pescarmona se ha focalizado en su propia fábrica
en Malasia, y desde allí entrega en todo el mundo. Consultado
sobre si la compañía tiene planes para volver a fabricar
aquí, el directivo responde que por ahora no tiene sentido
y aclara los motivos: "No están dadas las condiciones,
no hay acceso al crédito y encima nos penalizan con los impuestos
de importación temporaria del acero, que por otra parte tiene
un alto costo de flete".
TRENES A PUNTO. Sobre un parque ferroviario que
lleva décadas sin recambio y que constantemente produce fallas;
la construcción, remodelación y refacción de
locomotoras y vagones ferroviarios era una asignatura pendiente
en el país. Un ejemplo de integración en este área
es Materfer, una de las empresas del Grupo Taselli que opera en
la otrora fábrica Fiat-Materfer cordobesa, cuyas instalaciones
y máquinas adquirió tras la quiebra en un remate,
como único oferente y por u$s 8 millones. La firma se dedica
a la reparación y puesta a punto de sus propias formaciones
de trenes del Metropolitano y también para terceros, y en
poco tiempo podría proveerse de insumos a través de
su controlada Zapla. Iniciaron la actividad sólo cinco personas
hace poco más de 4 años, hoy trabajan un total de
540 personas. "En estos momentos estamos terminando una serie
de coches eléctricos a nuevo para el ex Roca, y reconstruyendo
coches de pasajeros para Metropolitano Roca, Belgrano, y además
para la línea San Martín", comenta el ingeniero
Ricardo Pettis, presidente de la firma. Ahora Materfer está
incursionando en la fabricación de ómnibus urbanos
de pasajeros de piso bajo, tanto del chasis como de la carrocería,
como una alternativa industria nacional para las empresas de transporte
de pasajeros. También produce dos modelos de cosechadoras
en la fábrica de Ferreyra, con algunas partes fabricadas
en la planta de Agrinar en Coronel Baigorria (engranajes y cajas
de velocidad), y ya se aseguró la entrega de 50 unidades
en el marco del acuerdo con Venezuela. Además en el último
año obtuvo la licencia de la firma estadounidense ‘Amadas’,
para producir la primera cosechadora de maní de fabricación
nacional, y las primeras 40 unidades ya salieron de su fábrica.
En el panorama industrial 2006, ejemplos como el de estas empresas
no abundan. Pero hay muchas que están preparándose
para salir a la luz. Cada año surgen nuevos proyectos, se
diversifican las líneas de producción, más
inversiones se materializan, y con la acción conjunta de
los sectores público y privado está comprobado que
su crecimiento puede llegar a tomar otra dimensión.
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