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Año II N° 141 | Edición del 23 de enero de 2006  
 
Tecnología | Supercomputadoras
Las más poderosas
Con enorme capacidad de procesamiento, las supercomputadoras permiten la investigación científica y el desarrollo industrial simulando complejos procesos. La carrera por construir la máquina más veloz.

Cuando nacieron las computadoras, a fines de los ‘50, ocupaban una habitación entera, consumían ingentes cantidades de energía y tenían la misma capacidad de cómputo que las actuales PCs de escritorio. Desde aquellos dinosaurios a los microprocesadores de hoy corrieron muchos bits, pero las principales compañías tecnológicas no abandonan la idea de crear máquinas cada vez más rápidas y poderosas, con la fantasía de emular al cerebro humano. Que lo logren, ¿será sólo cuestión de tiempo?
Mientras tanto, las nuevas supercomputadoras contribuyen enormemente al avance científico e industrial, simulando procesos altamente complejos como la mutación de virus, un terremoto, la resistencia de los materiales a choques y fricciones o el comportamiento de los mercados financieros.
El proyecto Blue Gene de IBM, que ya insumió más de u$s 100 millones, lidera este mercado. Gracias a este desarrollo se lograron avances como la decodificación del genoma humano y el de otras especies.
"El proyecto surgió en el año 2000 para a estudiar las proteínas y la biología molecular, pero se fue extendiendo a otras áreas como la hidrodinámica, la química cuántica, la astronomía y el estudio del funcionamiento del cerebro humano", explica el argentino José Gabriel Castaños, quien se doctoró en computación en la universidad norteamericana de Brown y hoy trabaja en el proyecto Blue Gene desde el Centro Watson de Investigación de IBM.
Según un ránking elaborado por expertos internacionales (que figura en el sitio www.top500.org), de las 10 supercomputadoras más veloces, cinco son de IBM y cuatro de las cinco más rápidas se basan en el sistema operativo de código abierto Linux.
Al tope figura la Blue Gene/L, que logró un récord de rendimiento sostenido de 36,01 Teraflops (algo así como 360 mil millones de operaciones por segundo). Está alojada en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, del Departamento de Energía de los Estados Unidos, y pese a ser mil veces más poderosa que Deep Blue (la PC que derrotó al ajedrecista Gary Gasparov), sólo ocupa 30 metros cuadrados (media cancha de tenis). "Es muy económica desde el punto de vista del consumo –dice Castaños– y en el área de un rack (el tamaño de una heladera) concentra 2.000 procesadores".
Esta computadora realiza desde simulaciones de explosión de una bomba atómica hasta las posibles mutaciones del virus de la gripe aviar.

CARRERA DE MILLONES. El costo promedio de una supercomputadora está por encima de los u$s 750.000 dólares y muchas de ellas cuestan varios millones. A partir de la primera de todas, desarrollada en 1972 por Cray (hoy subsidiaria de SGI, Silicon Graphics), esta compañía e IBM se disputan palmo a palmo el mercado. Las Cray se especializaron en cómputo biomédico (una de sus computadoras está alojada en el Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos). En tanto, nuevos jugadores han entrado al negocio.
La compañía japonesa NEC, cuyo producto estrella es un Simulador Terrestre ubicado en el centro de estudios climáticos y atmosféricos de Yokohama, logró acaparar parte del mercado europeo de supercómputo. El colosal equipo, capaz de predecir mareas y terremotos, tiene el tamaño de cuatro canchas de tenis y comprende 640 nodos de procesamiento interconectados por 2,8 kilómetros de cables. Su costo fue de u$s 400 millones.

FUTURO. En el mundo, existen principalmente tres tipos de supercomputadoras. Las vectoriales, que integran centenares de procesadores trabajando al mismo tiempo una unidad; las llamadas "clusters", que tienen los procesadores conectados en forma paralela, y las "grid", una forma de cómputo distribuido que permite aprovechar la capacidad de procesamiento de miles de computadoras conectadas en forma virtual.
Este sistema resulta apropiado para países con menos recursos, dado que no requiere invertir en enormes máquinas para obtener una gran capacidad de cómputo. Una de las empresas que más fuertemente está apostando al sistema de cómputo distribuido es HP. En Brasil, la compañía está llevando a cabo un programa de Grid Computing junto con instituciones médicas de ese país, que permitó probar satisfactoriamente la efectividad de un medicamento para una variante del virus de HIV que no existe en los países desarrollados.
Según los expertos, la computación distribuida revolucionará los sistemas de cómputos como la Internet revolucionó la búsqueda e intercambio de datos.

 
Gabriela Ensinck
 
Publicación semanal de Editorial Perfil S.A
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