Tecnología
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Supercomputadoras
Las más poderosas
Con enorme capacidad de procesamiento, las supercomputadoras permiten la investigación científica y el desarrollo industrial simulando complejos procesos. La carrera por construir la máquina más veloz.
Cuando nacieron las computadoras, a fines de los ‘50,
ocupaban una habitación entera, consumían ingentes
cantidades de energía y tenían la misma capacidad
de cómputo que las actuales PCs de escritorio. Desde aquellos
dinosaurios a los microprocesadores de hoy corrieron muchos bits,
pero las principales compañías tecnológicas
no abandonan la idea de crear máquinas cada vez más
rápidas y poderosas, con la fantasía de emular al
cerebro humano. Que lo logren, ¿será sólo cuestión
de tiempo?
Mientras tanto, las nuevas supercomputadoras contribuyen enormemente
al avance científico e industrial, simulando procesos altamente
complejos como la mutación de virus, un terremoto, la resistencia
de los materiales a choques y fricciones o el comportamiento de
los mercados financieros.
El proyecto Blue Gene de IBM, que ya insumió más de
u$s 100 millones, lidera este mercado. Gracias a este desarrollo
se lograron avances como la decodificación del genoma humano
y el de otras especies.
"El proyecto surgió en el año 2000 para a estudiar
las proteínas y la biología molecular, pero se fue
extendiendo a otras áreas como la hidrodinámica, la
química cuántica, la astronomía y el estudio
del funcionamiento del cerebro humano", explica el argentino
José Gabriel Castaños, quien se doctoró en
computación en la universidad norteamericana de Brown y hoy
trabaja en el proyecto Blue Gene desde el Centro Watson de Investigación
de IBM.
Según un ránking elaborado por expertos internacionales
(que figura en el sitio www.top500.org), de las 10 supercomputadoras
más veloces, cinco son de IBM y cuatro de las cinco más
rápidas se basan en el sistema operativo de código
abierto Linux.
Al tope figura la Blue Gene/L, que logró un récord
de rendimiento sostenido de 36,01 Teraflops (algo así como
360 mil millones de operaciones por segundo). Está alojada
en el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, del Departamento
de Energía de los Estados Unidos, y pese a ser mil veces
más poderosa que Deep Blue (la PC que derrotó al ajedrecista
Gary Gasparov), sólo ocupa 30 metros cuadrados (media cancha
de tenis). "Es muy económica desde el punto de vista
del consumo –dice Castaños– y en el área
de un rack (el tamaño de una heladera) concentra 2.000 procesadores".
Esta computadora realiza desde simulaciones de explosión
de una bomba atómica hasta las posibles mutaciones del virus
de la gripe aviar.
CARRERA DE MILLONES. El costo promedio de una
supercomputadora está por encima de los u$s 750.000 dólares
y muchas de ellas cuestan varios millones. A partir de la primera
de todas, desarrollada en 1972 por Cray (hoy subsidiaria de SGI,
Silicon Graphics), esta compañía e IBM se disputan
palmo a palmo el mercado. Las Cray se especializaron en cómputo
biomédico (una de sus computadoras está alojada en
el Instituto Nacional de Cáncer de los Estados Unidos). En
tanto, nuevos jugadores han entrado al negocio.
La compañía japonesa NEC, cuyo producto estrella es
un Simulador Terrestre ubicado en el centro de estudios climáticos
y atmosféricos de Yokohama, logró acaparar parte del
mercado europeo de supercómputo. El colosal equipo, capaz
de predecir mareas y terremotos, tiene el tamaño de cuatro
canchas de tenis y comprende 640 nodos de procesamiento interconectados
por 2,8 kilómetros de cables. Su costo fue de u$s 400 millones.
FUTURO. En el mundo, existen principalmente tres
tipos de supercomputadoras. Las vectoriales, que integran centenares
de procesadores trabajando al mismo tiempo una unidad; las llamadas
"clusters", que tienen los procesadores conectados en
forma paralela, y las "grid", una forma de cómputo
distribuido que permite aprovechar la capacidad de procesamiento
de miles de computadoras conectadas en forma virtual.
Este sistema resulta apropiado para países con menos recursos,
dado que no requiere invertir en enormes máquinas para obtener
una gran capacidad de cómputo. Una de las empresas que más
fuertemente está apostando al sistema de cómputo distribuido
es HP. En Brasil, la compañía está llevando
a cabo un programa de Grid Computing junto con instituciones médicas
de ese país, que permitó probar satisfactoriamente
la efectividad de un medicamento para una variante del virus de
HIV que no existe en los países desarrollados.
Según los expertos, la computación distribuida revolucionará
los sistemas de cómputos como la Internet revolucionó
la búsqueda e intercambio de datos.
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