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Eje inmobiliario sur
Barracas y su nuevo paisaje reciclado
La renovación total de la vieja fábrica de Bagley es el punto de partida para el cambio de uno de los barrios más antiguos de la ciudad, y reforzar una tendencia: recuperar la vieja Capital.
Durante décadas un inconfundible aroma de repostería
inundaba el barrio de Barracas. No hacía falta darse vuelta
o mirar hacia los costados para saber que uno se encontraba sobre
la avenida Montes de Oca al 100, más precisamente, frente
a la fábrica Bagley.
Con el tiempo, la avenida que supo ser la arteria principal de la
zona sur de la Capital y punto de referencia para la elite de los
primeros años del siglo pasado comenzó a perder prestigio.
El auge que tuvieron otros barrios de la ciudad, que atrajeron a
los hijos y nietos de aquellos primeros residentes, y el cierre
de varias fábricas e industrias de la zona fueron algunos
de las causales de que el barrio entrara en un cono de sombras que
le costó varios años poder revertir.
Hoy, y de la mano de varios proyectos inmobiliarios, el sur porteño
(incluyendo San Telmo y Puerto Madero) trata de convertirse en el
nuevo eje inversor de la ciudad. La idea es destacar su buena comunicación
con el resto de la ciudad y por ser uno de las pocas zonas de Buenos
Aires donde aún perdura el concepto de barrio. Casas bajas,
calles tranquilas y pequeños comercios constituyen un valor
agregado muy buscado y apreciado hoy en día por los inversores
inmobiliarios.
NUEVOS AIRES. Después de que Bagley inaugurara
su actual frente de casi 200 metros de largo, hace más de
50 años, un emprendimiento inmobiliario pretende volver a
jerarquizar a Montes de Oca y aledaños.
En efecto, el grupo desarrollador Copelle, presidido por el doctor
Abraham Lebensohn, puso la mira en esta zona con el objetivo de
que tanto la avenida como el barrio vuelvan a resurgir para convertirse
en ese referente de calidad que alguna vez fue. “Al enterarme
que estaba en venta el famoso edifico de Bagley decidí visitarlo
de inmediato y hacer una oferta (no revela cuánto fue el
importe que pagó por la fábrica). El olor dulce de
las galletitas fue uno de los factores determinantes para la compra.
Recordé los mejores tiempos de mi infancia”, agrega.
Moca, viviendas creativas, es el nombre del proyecto inmobiliario
de Copelle en la zona y que requirió una inversión
de u$s 20 millones para su puesta en marcha. La idea es reciclar
la vieja fábrica de galletitas (cuyo último dueño
era la multinacional Danone), y construir 225 unidades de viviendas
que incluye desde monoambientes hasta departamentos de uno a cuatro
dormitorios. En total son 40.000 metros cuadrados que incluyen otros
18.000 cubiertos. El valor del metro cuadrado en cada unidad es
de u$s 1.200.
Según el doctor Lebensohn, la idea del emprendimiento inmobiliario
es que tenga “las características propias de un barrio
cerrado”. Un parque de 3.100 m2 completa la propuesta inmobiliaria
del nuevo complejo habitacional.
Por su parte, Adrián Kaplansky, director del grupo desarrollador,
revela que en la etapa de pre-venta ya se comercializaron unas 85
unidades, el 40% del proyecto. El ejecutivo afirma que a mediados
de 2007 comenzarán a entregarse las viviendas.
Una de las características que determinaron que la fábrica
sea el edificio industrial elegido por Copelle para desarrollar
su idea, fue la altura promedio de cada una de sus cinco plantas:
4 metros, una medida que se ubica muy por encima de que habitualmente
se utiliza en las construcciones tradicionales. Otro punto clave
en la elección del lugar fueron las columnas que sostienen
los cimientos de la fábrica que a cada unidad le otorga un
toque de exclusividad único en la decoración final.
Tanto Lebensohn como Kaplansky coinciden en afirmar que el proyecto
presenta un estilo arquitectónico que permite combinar aire
y luz con espacios urbanos bien consolidados como es la zona de
Barracas.
Otro de los diferenciales por los que se destaca Moca son sus amenities.
Biblioteca, microcine para 75 personas y hasta un centro cultural
para 400 personas –que estará abierto a la comunidad–
funcionarán en el nuevo edificio de la avenida Montes de
Oca. Gym premium, dos piletas semiolímpicas (una cubierta),
spa y jacuzzi, café y restó con delivery interno e
intranet WiFi, entre otros servicios, conforman la variedad de propuestas
para los propietarios del edificio.
DE HOSPITALES Y SEMAFOROS. “Soy el doctor
Abraham Lebensohn, rosarino de nacimiento, médico de profesión
y emprendedor de alma. Ante todo pienso que un buen desarrollista
inmobiliario debe ser antes que nada un buen muy buen futurólogo
y saber aprovechar las oportunidades que se le presentan”.
Así, con estas palabras, el médico especializado en
la construcción de hospitales integrales, las primeras torres
de Belgrano y copropietario de la firma Autotrol, fabricante de
semáforos, acostumbra a presentarse. Pero por sobre todas
las cosas, le gusta resaltar su virtud de emprendedor.
En su encuentro con FORTUNA, cuenta que comenzó a desarrollar
esa virtud en la construcción y equipamiento de los primeros
hospitales integrales del país. Representaba además,
a las firmas internacionales más importantes en la materia.
“Fuimos los primeros en traer al país la fibra óptica”,
destaca.
Acompañando a su padre y aún cuando cursaba sus estudios
universitarios, Lebensohn realizó su primera operación
en el sector inmobiliario. “Fue en Mar del Plata. Mi padre
me pidió que lo acompañara al remate de un predio
en el que pensaba construir un edificio. Cuando noté que
ya no ofertaba más por que había llegado a su límite,
le insistí que aumentara su oferta, que yo con unos amigos
iba a poner la diferencia. Así lo hizo, y salió muy
bien el negocio. Mi padre pudo construir su edificio y nuestra inversión
dio buenos dividendos”, recuerda.
“Ahí empecé a incursionar en el sector de la
construcción pero orientado al rubro hospitalario, que por
la década del ’50 todavía no estaba muy desarrollado.
En esa época fundé mi propia empresa, Alson, con la
que comencé a construir los primeros hospitales integrales.
Es una especialidad dentro del rubro arquitectura e ingeniería”,
prosigue.
Los hospitales de Rosario, de San Nicolás y distintas clínicas
públicas y privadas en el interior del país fueron
algunas de los proyectos integrales que realizó Lebensohn
junto a su equipo de colaboradores. También construyó
el Instituto de Hematología de Córdoba, único
en su especialidad en su momento.
A fines del los ’60 comenzó a interesarse en la fabricación
de semáforos. “Incursioné en el tema por que
no había todavía semáforos en el país.
Sólo unos pocos sobre la avenida Santa Fe”, aclara.
Una visita a Munich para ver como funcionaba allí el sistema
de tránsito, le permitió conseguir la representación
para fabricar semáforos en el país. Así nació
Autotrol S.A., la primera fabricante de semáforos en el país.
“Todos los semáforos que hay en la capital y gran parte
de América latina, son nuestros”, completa el médico.
También incursionó en la construcción de centros
de energía para Rosario, Cuyo y el litoral, entre otros negocios.
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