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Capital de riesgo
Cómo conseguir inversor
En la Argentina hay un mercado de inversores ángeles y fondos de inversión que apuestan a emprendimientos innovadores en etapas tempranas del negocio. Dónde encontrarlos y cómo tentarlos con un buen proyecto. Una guía con los inversores de riesgo y qué empresas buscan.
Antes de ser los popes de Microsoft y de Apple, Bill Gates
y Steve Jobs se toparon con un inversor que creyó en ellos
y apostó a su negocio. Y tan mal no les fue. Toda empresa
innovadora necesita un capital de riesgo para poder salir al mercado.
Sean individuos (los llamados "inversores angeles"), o
"Fondos", lo que caracteriza a este tipo de capital es
que entra en una etapa muy temprana, invierte a largo plazo (un
promedio de 5 años) y busca salir del negocio con muy alto
retorno.
Se trata de la principal fuente de financiamiento por venta de participación
(equity), a diferencia de la emisión de deuda (por ejemplo
el crédito bancario). La importancia del capital de riesgo
como motor de la economía radica en que cubre el gap de financiamiento
desde la fase inicial de una empresa –que se lleva a cabo
con capital propio, o de familiares y amigos–, y el momento
en que se realizan las primeras ventas. También en la etapa
en que la compañía necesita escalarse y no accede
a crédito bancario, justamente por su riesgo. Esto suele
ocurrir con los emprendimientos innovadores, sobre todo aquellos
de base tecnológica, cuyo potencial de crecimiento es tan
alto como su probabilidad de fracaso. Se estima que en este tipo
de empresas la tasa de "mortalidad" es del 80%. Pero el
20 restante compensa con creces el capital invertido.
Existe una relación directa entre el desarrollo del capital
de riesgo con el aprovechamiento de la capacidad emprendedora y
el crecimiento económico de un país. Estudios realizados
en Europa y en EE.UU. muestran que las empresas financiadas con
capital de riesgo son generadoras de mayor empleo, de mejor calidad
y con más altos salarios.
En la Argentina, el mercado de capital de riesgo es aún incipiente.
Tuvo su primavera en los ‘90, con el boom de las puntocom.
Se diluyó con la crisis del país y hoy está
resurgiendo para apostar a sectores de alto crecimiento como empresas
de tecnología (software y comunicaciones); biotecnología,
ingeniería de materiales, agroalimentos y algunas áreas
de hotelería y turismo.
UN ANGEL AHÍ. Los inversores ángeles
son los actores principales del mercado informal de capital de riesgo.
Aunque financiaron proyectos como la imprenta de Gutemberg, el teléfono
de Bell y el auto de Ford, el término recién surgió
a principios del 1900 para referirse a personas que invertían
en las producciones teatrales de Broadway. Este tipo de proyectos
implicaba grandes riesgos, pero de tener éxito también
eran de esperar suculentas ganancias.
Según la definición actual, un inversor ángel
es "alguien que invierte en un proyecto para agregarle valor,
no sólo con recursos financieros, sino con experiencia, contactos
y conocimientos de management", señala Silvia de Torres
Carbonell, directora del Centro de Entrepreneurship del IAE y de
la Fundación Endeavor, una de las fundadoras del primer Club
de Business Angels del país (ver recuadro).
Con frecuencia, el inversor ángel es alguien que tiene tanta
pasión por lo que hace como el propio emprendedor. Y por
eso, más allá de calcular un posible alto retorno,
suelen invertir en proyectos que realmente los entusiasman.
"Los inversores ángeles aportan capital humano porque
contribuyen con su experiencia y talento al implicarse en la gestión",
apunta Gabriel Jacobsohn, director del Instituto de Emprendimientos
Científicos y Tecnológicos (IECyT) y Gerente del Foro
de Capital de Riesgo CREARCIT, de la Secretaría de Ciencia,
Tecnología e Innovación Productiva. "También
aportan capital social al compartir sus redes de relaciones (clientes,
proveedores y nuevos inversores), y finalmente, cuando contribuyen
con activos propios (máquinas o locales), también
aportan capital físico".
Los ángeles –a diferencia de los Fondos–, invierten
en empresas ubicadas en su misma zona geográfica, lo que
les permite visitarlas con frecuencia y mantener un contacto directo
con sus dueños.
AL FONDO. Las Empresas de Capital de Riesgo (ECR)
o Fondos de Capital de Riesgo (FCR) no aportan dinero propio sino
de inversores institucionales (fondos de pensiones, empresas de
seguros y grupos de inversores). Otra diferencia con los angeles
es que entran a jugar en una etapa posterior, cuando la empresa
ya está en el mercado y necesita crecer o expandirse. Según
Jacobsohn, "las ECR varían de acuerdo al objeto de la
inversión (fondos generalistas o especializados), la región
(locales o globales) y por su forma institucional (dentro de una
corporación o independientes).
Las primeras ECR en el sentido actual del término se iniciaron
luego de la Segunda Guerra Mundial cuando familias como los Rockefeller
crearon organizaciones profesionales para invertir su capital.
“A diferencia de los llamados Fondos Buitres, las ECR no buscan
absorber empresas sino ayudarlas a crecer", aclara Jacobsohn.
Claro que no invierten en cualquier empresa, sino en aquellas de
alto y muy alto rendimiento. Las primeras son compañías
cuyas ventas a cinco años se estiman entre $10 millones y
$ 50 millones y tienen una tasa de crecimiento por encima del 20%
anual.
Las empresas de muy alto crecimiento tienen proyecciones de ventas
mayores a $ 50 millones a los 5 años y esperan cotizar en
Bolsa o lograr otra estrategia de salida exitosa en ese plazo.
En la Argentina, según un estudio de la Universidad de General
Sarmiento, en el sector industrial se crean poco más de 200
empresas de alto crecimiento por año. Representan solamente
el 11% de las empresas creadas, pero el 57% del empleo industrial.
En cuanto a los servicios, se estima que se crean por año
unas 23 empresas de alto crecimiento en gastronomía y hotelería
y unas 20 en software y computación. "Si las empresas
de muy alto rendimiento son aproximadamente el 1%, se podría
estimar que en el país se crean anualmente entre 30 y 40
empresas de este tipo, lo cual resulta muy atractivo para el mercado
de capital de riesgo", dice el director del IECyT.
DE LAS FINANZAS A LA ECONOMÍA REAL. Muchos
de los inversores de riesgo vienen del mundo de las finanzas, pero
buscan diversificar su cartera hacia emprendimientos productivos.
"En general, se destina un 80% al sector financiero, que es
más seguro y a corto plazo, y el 20% es capital de riesgo,
con el que se espera una rentabilidad mayor", dice Lisandro
Bril, de Holdinvest, uno de los FCR que actúan en la Argentina.
El fondo se inició haciendo la gestión de una compañía
internacional de Venture Capital y lleva invertidos unos u$s 17
millones en 10 compañías locales.
"Ahora estamos enfocados en proyectos de exportación
en software y servicios, y en alimentación y biotecnología.
Buscamos un retorno de la inversión del 35%, y por eso apuntamos
a compañías con expectativas de facturar u$s 20 millones
a 20 años", dice Bril. "Hay muchos negocios con
buenas perspectivas, pero son pocos los que llegan a tener muy alto
rendimiento. Para seleccionar una empresa estudiamos 70 proyectos",
confiesa el inversor.
"En el país hay un capital intelectual muy grande, que
a veces no encuentra los medios para poner en marcha sus negocios",
evalúa Jorge Villalonga, de Chrysalis Argentina, un FCR que
empezó a actuar en 2004. "Vimos desde que arrancamos
unas 200 ideas de negocios, y estamos invirtiendo en dos: una de
biotecnología y otra de software, pero la idea es armar un
portafolio de 6 o 7 proyectos", dice Villalonga. "Para
esto tenemos un par más en due dilligence (investigación)".
DE LA IDEA AL NEGOCIO. Sentidos Electrónicos
es una empresa de análisis sensorial que desarrolla desde
1997 "narices y lenguas electrónicas". La principal
aplicación de estos dispositivos es el control –sin
ningún tipo de subjetividad– de calidad en alimentos,
perfumes y vinos, y evaluaciones de toxicidad en cultivos. La nariz
electrónica fue uno de los proyectos ganadores del Programa
de Estímulo a la Vocación Empresaria (Prueve), y recibió
un subsidio del gobierno de la ciudad. Actualmente se encuentra
en una fase de spin off, en la que una dependencia universitaria
(la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA) es socia de la empresa
que además utiliza sus instalaciones (el laboratorio). Este
año se contactaron con inversores de riesgo "para ampliar
el mercado, hacer mejoras tecnológicas y empezar a exportar",
cuenta Martín Negri , doctor en Ciencias Químicas
y uno de los socios de la empresa.
El psiquiatra Claudio Plá creó hace 5 años
la organización Poder Volar para ayudar a las personas con
aerofobia a superar el temor que les provocan los viajes en avión.
Para esto desarrolló bibliografía, materiales didácticos
y hasta un simulador de vuelo. En 2004 ganó la competencia
de emprendedores NAVES, organizada por el Centro de Entrepreneurship
del IAE, y el aporte de un inversor de riesgo les permitirá
lanzarse en España.
En sus vacaciones de 2001, Martín Bocco (entonces gerente
del grupo Siembra – Citibank) visitó El Calafate. Donde
muchos buscaban descanso el ejecutivo encontró una oportunidad
de negocio: lotes con vista al lago a muy buen precio por una adjudicación
fiscal fallida. En 2002 escrituró las tierras y preparó
su plan de negocios. Tuvo reuniones con gerentes de dos cadenas
hoteleras internacionales y con un inversor particular, Arturo Navarro
Ithuralde. En 2003 ambos comenzaron la construcción de "La
Cantera", un exclusivo hotel boutique con una inversión
de $ 2 millones. En el primer año facturó $ 500 mil,
y proyecta una nueva inversión de $ 1 millón para
un spa y 10 suites adicionales.
CONTACTOS. ¿Cómo se vinculan los
emprendedores con inversores de riesgo? "Las propuestas de
inversión llegan por diferentes medios, dice Jacobsohn. Las
acercan los emprendedores directamente, o bien a través de
referencias profesionales y personales". Aún son pocos
los canales "formales" de presentación de propuestas,
como los concursos que organizan las Escuelas de Negocios de las
Universidades (como NAVES, del IAE) los Foros de Capital de Riesgo
(como el Crearcit) y los clubes de Inversores Angeles (una de cuyas
actividades es recibir y evaluar constantemente propuestas).
En este sentido, algunas acciones gubernamentales, como en programa
Buenos Aires Emprende (ver columna), del gobierno de la ciudad,
proponen crear un puente entre empresarios innovadores y posibles
inversores. "El programa es una acción conjunta con
11 entidades no gubernamentales, quienes se ocuparán de seleccionar
los mejores proyectos", destaca el subsecretario de Producción
porteño, Gustavo Svarzman.
Una de las principales dificultades a la hora de seducir a un inversor
con un proyecto, es la presentación clara, breve y concisa
del plan de negocios. "El princpial punto a la hora de elaborar
un plan de negocios es saber qué elementos incluir para atraer
a un inversor que no conoce el tema", dice Eduardo Garrido,
coordinador del área Nuevos Emprendimientos del Banco Río,
entidad que cuenta con programas de pre incubación y un premio
estímulo para jóvenes emprendedores. "El inversor
tiene que saber cuánto poner, cuánto le dan y cuál
es el riesgo, en tres escenarios: uno optimista, uno intermedio
y uno pesimista. Todo esto en una o dos carillas, o 20 minutos de
exposición", destaca el especialista.
Los inversores no tienen todo el día para escuchar un proyecto.
Y algunos emprendedores los persiguen con la modalidad del elevator
pitch o "discurso del ascensor", donde toda la idea debe
exponerse en menos de dos minutos, que es lo que dura, con suerte,
un viaje entre el último piso y la planta baja.
Encontrar un inversor de riesgo no es fácil, y el objetivo
es no dejarlo escapar sin que escuche la idea.
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