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Año II N° 124 | Edición del 17 de octubre de 2005  
 
Documento | Capital de riesgo
Cómo conseguir inversor
En la Argentina hay un mercado de inversores ángeles y fondos de inversión que apuestan a emprendimientos innovadores en etapas tempranas del negocio. Dónde encontrarlos y cómo tentarlos con un buen proyecto. Una guía con los inversores de riesgo y qué empresas buscan.

Antes de ser los popes de Microsoft y de Apple, Bill Gates y Steve Jobs se toparon con un inversor que creyó en ellos y apostó a su negocio. Y tan mal no les fue. Toda empresa innovadora necesita un capital de riesgo para poder salir al mercado. Sean individuos (los llamados "inversores angeles"), o "Fondos", lo que caracteriza a este tipo de capital es que entra en una etapa muy temprana, invierte a largo plazo (un promedio de 5 años) y busca salir del negocio con muy alto retorno.
Se trata de la principal fuente de financiamiento por venta de participación (equity), a diferencia de la emisión de deuda (por ejemplo el crédito bancario). La importancia del capital de riesgo como motor de la economía radica en que cubre el gap de financiamiento desde la fase inicial de una empresa –que se lleva a cabo con capital propio, o de familiares y amigos–, y el momento en que se realizan las primeras ventas. También en la etapa en que la compañía necesita escalarse y no accede a crédito bancario, justamente por su riesgo. Esto suele ocurrir con los emprendimientos innovadores, sobre todo aquellos de base tecnológica, cuyo potencial de crecimiento es tan alto como su probabilidad de fracaso. Se estima que en este tipo de empresas la tasa de "mortalidad" es del 80%. Pero el 20 restante compensa con creces el capital invertido.
Existe una relación directa entre el desarrollo del capital de riesgo con el aprovechamiento de la capacidad emprendedora y el crecimiento económico de un país. Estudios realizados en Europa y en EE.UU. muestran que las empresas financiadas con capital de riesgo son generadoras de mayor empleo, de mejor calidad y con más altos salarios.
En la Argentina, el mercado de capital de riesgo es aún incipiente. Tuvo su primavera en los ‘90, con el boom de las puntocom. Se diluyó con la crisis del país y hoy está resurgiendo para apostar a sectores de alto crecimiento como empresas de tecnología (software y comunicaciones); biotecnología, ingeniería de materiales, agroalimentos y algunas áreas de hotelería y turismo.

UN ANGEL AHÍ. Los inversores ángeles son los actores principales del mercado informal de capital de riesgo. Aunque financiaron proyectos como la imprenta de Gutemberg, el teléfono de Bell y el auto de Ford, el término recién surgió a principios del 1900 para referirse a personas que invertían en las producciones teatrales de Broadway. Este tipo de proyectos implicaba grandes riesgos, pero de tener éxito también eran de esperar suculentas ganancias.
Según la definición actual, un inversor ángel es "alguien que invierte en un proyecto para agregarle valor, no sólo con recursos financieros, sino con experiencia, contactos y conocimientos de management", señala Silvia de Torres Carbonell, directora del Centro de Entrepreneurship del IAE y de la Fundación Endeavor, una de las fundadoras del primer Club de Business Angels del país (ver recuadro).
Con frecuencia, el inversor ángel es alguien que tiene tanta pasión por lo que hace como el propio emprendedor. Y por eso, más allá de calcular un posible alto retorno, suelen invertir en proyectos que realmente los entusiasman.
"Los inversores ángeles aportan capital humano porque contribuyen con su experiencia y talento al implicarse en la gestión", apunta Gabriel Jacobsohn, director del Instituto de Emprendimientos Científicos y Tecnológicos (IECyT) y Gerente del Foro de Capital de Riesgo CREARCIT, de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva. "También aportan capital social al compartir sus redes de relaciones (clientes, proveedores y nuevos inversores), y finalmente, cuando contribuyen con activos propios (máquinas o locales), también aportan capital físico".
Los ángeles –a diferencia de los Fondos–, invierten en empresas ubicadas en su misma zona geográfica, lo que les permite visitarlas con frecuencia y mantener un contacto directo con sus dueños.

AL FONDO. Las Empresas de Capital de Riesgo (ECR) o Fondos de Capital de Riesgo (FCR) no aportan dinero propio sino de inversores institucionales (fondos de pensiones, empresas de seguros y grupos de inversores). Otra diferencia con los angeles es que entran a jugar en una etapa posterior, cuando la empresa ya está en el mercado y necesita crecer o expandirse. Según Jacobsohn, "las ECR varían de acuerdo al objeto de la inversión (fondos generalistas o especializados), la región (locales o globales) y por su forma institucional (dentro de una corporación o independientes).
Las primeras ECR en el sentido actual del término se iniciaron luego de la Segunda Guerra Mundial cuando familias como los Rockefeller crearon organizaciones profesionales para invertir su capital.
“A diferencia de los llamados Fondos Buitres, las ECR no buscan absorber empresas sino ayudarlas a crecer", aclara Jacobsohn. Claro que no invierten en cualquier empresa, sino en aquellas de alto y muy alto rendimiento. Las primeras son compañías cuyas ventas a cinco años se estiman entre $10 millones y $ 50 millones y tienen una tasa de crecimiento por encima del 20% anual.
Las empresas de muy alto crecimiento tienen proyecciones de ventas mayores a $ 50 millones a los 5 años y esperan cotizar en Bolsa o lograr otra estrategia de salida exitosa en ese plazo.
En la Argentina, según un estudio de la Universidad de General Sarmiento, en el sector industrial se crean poco más de 200 empresas de alto crecimiento por año. Representan solamente el 11% de las empresas creadas, pero el 57% del empleo industrial. En cuanto a los servicios, se estima que se crean por año unas 23 empresas de alto crecimiento en gastronomía y hotelería y unas 20 en software y computación. "Si las empresas de muy alto rendimiento son aproximadamente el 1%, se podría estimar que en el país se crean anualmente entre 30 y 40 empresas de este tipo, lo cual resulta muy atractivo para el mercado de capital de riesgo", dice el director del IECyT.

DE LAS FINANZAS A LA ECONOMÍA REAL. Muchos de los inversores de riesgo vienen del mundo de las finanzas, pero buscan diversificar su cartera hacia emprendimientos productivos. "En general, se destina un 80% al sector financiero, que es más seguro y a corto plazo, y el 20% es capital de riesgo, con el que se espera una rentabilidad mayor", dice Lisandro Bril, de Holdinvest, uno de los FCR que actúan en la Argentina. El fondo se inició haciendo la gestión de una compañía internacional de Venture Capital y lleva invertidos unos u$s 17 millones en 10 compañías locales.
"Ahora estamos enfocados en proyectos de exportación en software y servicios, y en alimentación y biotecnología. Buscamos un retorno de la inversión del 35%, y por eso apuntamos a compañías con expectativas de facturar u$s 20 millones a 20 años", dice Bril. "Hay muchos negocios con buenas perspectivas, pero son pocos los que llegan a tener muy alto rendimiento. Para seleccionar una empresa estudiamos 70 proyectos", confiesa el inversor.
"En el país hay un capital intelectual muy grande, que a veces no encuentra los medios para poner en marcha sus negocios", evalúa Jorge Villalonga, de Chrysalis Argentina, un FCR que empezó a actuar en 2004. "Vimos desde que arrancamos unas 200 ideas de negocios, y estamos invirtiendo en dos: una de biotecnología y otra de software, pero la idea es armar un portafolio de 6 o 7 proyectos", dice Villalonga. "Para esto tenemos un par más en due dilligence (investigación)".

DE LA IDEA AL NEGOCIO. Sentidos Electrónicos es una empresa de análisis sensorial que desarrolla desde 1997 "narices y lenguas electrónicas". La principal aplicación de estos dispositivos es el control –sin ningún tipo de subjetividad– de calidad en alimentos, perfumes y vinos, y evaluaciones de toxicidad en cultivos. La nariz electrónica fue uno de los proyectos ganadores del Programa de Estímulo a la Vocación Empresaria (Prueve), y recibió un subsidio del gobierno de la ciudad. Actualmente se encuentra en una fase de spin off, en la que una dependencia universitaria (la Facultad de Ciencias Exactas de la UBA) es socia de la empresa que además utiliza sus instalaciones (el laboratorio). Este año se contactaron con inversores de riesgo "para ampliar el mercado, hacer mejoras tecnológicas y empezar a exportar", cuenta Martín Negri , doctor en Ciencias Químicas y uno de los socios de la empresa.
El psiquiatra Claudio Plá creó hace 5 años la organización Poder Volar para ayudar a las personas con aerofobia a superar el temor que les provocan los viajes en avión. Para esto desarrolló bibliografía, materiales didácticos y hasta un simulador de vuelo. En 2004 ganó la competencia de emprendedores NAVES, organizada por el Centro de Entrepreneurship del IAE, y el aporte de un inversor de riesgo les permitirá lanzarse en España.
En sus vacaciones de 2001, Martín Bocco (entonces gerente del grupo Siembra – Citibank) visitó El Calafate. Donde muchos buscaban descanso el ejecutivo encontró una oportunidad de negocio: lotes con vista al lago a muy buen precio por una adjudicación fiscal fallida. En 2002 escrituró las tierras y preparó su plan de negocios. Tuvo reuniones con gerentes de dos cadenas hoteleras internacionales y con un inversor particular, Arturo Navarro Ithuralde. En 2003 ambos comenzaron la construcción de "La Cantera", un exclusivo hotel boutique con una inversión de $ 2 millones. En el primer año facturó $ 500 mil, y proyecta una nueva inversión de $ 1 millón para un spa y 10 suites adicionales.

CONTACTOS. ¿Cómo se vinculan los emprendedores con inversores de riesgo? "Las propuestas de inversión llegan por diferentes medios, dice Jacobsohn. Las acercan los emprendedores directamente, o bien a través de referencias profesionales y personales". Aún son pocos los canales "formales" de presentación de propuestas, como los concursos que organizan las Escuelas de Negocios de las Universidades (como NAVES, del IAE) los Foros de Capital de Riesgo (como el Crearcit) y los clubes de Inversores Angeles (una de cuyas actividades es recibir y evaluar constantemente propuestas).
En este sentido, algunas acciones gubernamentales, como en programa Buenos Aires Emprende (ver columna), del gobierno de la ciudad, proponen crear un puente entre empresarios innovadores y posibles inversores. "El programa es una acción conjunta con 11 entidades no gubernamentales, quienes se ocuparán de seleccionar los mejores proyectos", destaca el subsecretario de Producción porteño, Gustavo Svarzman.
Una de las principales dificultades a la hora de seducir a un inversor con un proyecto, es la presentación clara, breve y concisa del plan de negocios. "El princpial punto a la hora de elaborar un plan de negocios es saber qué elementos incluir para atraer a un inversor que no conoce el tema", dice Eduardo Garrido, coordinador del área Nuevos Emprendimientos del Banco Río, entidad que cuenta con programas de pre incubación y un premio estímulo para jóvenes emprendedores. "El inversor tiene que saber cuánto poner, cuánto le dan y cuál es el riesgo, en tres escenarios: uno optimista, uno intermedio y uno pesimista. Todo esto en una o dos carillas, o 20 minutos de exposición", destaca el especialista.
Los inversores no tienen todo el día para escuchar un proyecto. Y algunos emprendedores los persiguen con la modalidad del elevator pitch o "discurso del ascensor", donde toda la idea debe exponerse en menos de dos minutos, que es lo que dura, con suerte, un viaje entre el último piso y la planta baja.
Encontrar un inversor de riesgo no es fácil, y el objetivo es no dejarlo escapar sin que escuche la idea.

 
Gabriela Ensinck | FOTOS: CEDOC PERFIL.
 
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